Mentiría si dijera que no extraño de alguna manera la conexión,
la facilidad de palabra,
los gestos, las endorfinas,
la oxitocina condicionada.
Pero es en estos momentos de soledad,
en que me enfrento a la levedad del ser,
a las condiciones inherentes a las decisiones previas, en que más anhelo esa fugaz compañía de entre la incertidumbre.
Mientras tanto pasan los días,
pasan los planes,
pasan los rostros e incluso las formas,
me aprendo a conocer,
me incomodo,
me siento solo a fumar,
y lo veo tan lejano todo.
Y es que me cuesta entender...
Ella no es real.
No la puedo hacer real.
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