El día en que dejé el útero.

Nacemos.

Y en la base regular de la obstinación, el ensayo-error-aprendizaje.
Repetimos nuevamente.

Y debieron pasar dos años, para darme cuenta de que quién salió, no es quién regresó.
Pasó el tiempo, y las heridas que se le habrían otorgado al corazón,

eran anodinas a aquellas que volvieron en carne.

 

Matar.

Mutar.