Cortar por la línea de puntos.



Quemar puentes de madera, mientras tú mismo te encuentras parado en la mitad de uno de ellos.

Otorgarle peso a las acciones, ignorando tus propios sentires.

Analizar si es falta de interés por tiempo, estrés, necesidad de desconexión, o simplemente la ausencia duele aún menos, que la presencia corpórea del otro.

Hay tanto que quisiera decirte,
tirarlo todo y que todo lo que deba quebrarse sepa volver a ser amalgamado al calor de la laca y el polvo de oro.

Otorgarle levedad a la distancia,
ignorar la incapacidad logística,
dejar que el tiempo pase,
los cuerpos sucumban a la carne,
y que la guía trazada bajo la seguridad de la presencia, basten para volver a unir lo que alguna vez fue uno, procurando que eventualmente me exista disponible oxitocina, en donde solo hay adrenalina, dopamina condicionada, y serotonina posterior.

Nadie es quien conocemos.