Preguntaste, ¿Estás conforme con tu vida?, y ahí, detrás de un teclado virtual, lograste botar en minutos, esa frágil estabilidad que reina este constante caos de crianza. Y sí, te respondí con la verdad, pero no puedo enfrentar éstas antiguas quimeras del alma sin verbalizar del todo que te he pensado. Te pensé en esas mañanas oscuras, de confusión trasnoche y trabajos con nota. Te pensé en el cerro, solo y alto en la montaña, buscando calmar ese ensordecedor ruido que deja el cobre al caer al piso. Te pensé en mis momentos de miseria, anhelando esa claridad de conciencia que desde que cruzamos caminos, has tenido, en ese tiempo, a pesar de tu corta edad en ese momento. Y es hoy, catorce años después, ya avanzados tus treinta, mientras yo prosigo un paso más a otro cambio de decenio, en que me toca enfrentarte de nuevo. Y nuevamente retumban en mí, tu voz, tus pasos, tu mirada. El delineado delgado de tus ojos, y tu melena salvaje pero como te veo vivir la vida... en contro...