Te ves, en tierra desconocida, taimado, dubitativo y con un claro norte en la cabeza.
Desear que el tiempo pase,
y esperar que cada pieza encaje a la perfección por sobre la otra.
Que cada afecto sepa encontrar su lugar,
cada emoción distante, sepa volver a puerto,
o que todo se incinere,
y de las cenizas vernos obligados a construir algo.
Reinventar la rutina, para volver a ser dueño de tus propios días.
Ajustar el cuerpo,
ajustar el hambre,
ignorar la carne,
el pulso y la incertidumbre.
Olvidar maestros,
ignorar métodos...
Crear nuevos.
Volverse tungsteno,
y recordarse:
Soy mucho más fuerte de lo que era ayer.