Adaptarme.
Es caer.
Acostumbrarse al vacío, esperando llenarlo con algo.
Al final, somos esclavos de nuestras decisiones,
nuestras omisiones,
y nuestras pasiones.
«Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo»
Adaptarme.
Es caer.
Acostumbrarse al vacío, esperando llenarlo con algo.
Al final, somos esclavos de nuestras decisiones,
nuestras omisiones,
y nuestras pasiones.
Si entre tus brazos recordé pertenencia.
Aprendí la levedad del tiempo, y que ocho horas no bastan cuando el contexto sobrepasa la voluntad.
Y ahora, como personaje secundario me pregunto,
¿Como vuelvo irrelevante este caos?.
Nacemos.
Y en la base regular de la obstinación, el ensayo-error-aprendizaje.
Repetimos nuevamente.
Y debieron pasar dos años, para darme cuenta de que quién salió, no es quién regresó.
Pasó el tiempo, y las heridas que se le habrían otorgado al corazón,
eran anodinas a aquellas que volvieron en carne.
Matar.
Mutar.
Dicen, que ella era fría, a veces frívola y un tanto obstinada.
Más nunca fue regla, el seguir otros conceptos de los que no pueda,
la experiencia empírica propia, generarme una idea, de como es alguien.
Y fue entonces, que lo comprobé; La idea preconcebida por otros, fue desvanecida de entre la mía.
Y logré ver una persona grandiosa, pero voluntaria y moralmente subyugada a la sociedad,
a la que años más tarde, entendería, que el ser neoliberal, consumidor, objeto, número,
estadística.
Solo lamento no haber podido satisfacer anhelos de familia,
aquellos que uno espera recordar del otro sujeto.
Ese sujeto que no es como tú querías.
Pero te es suficiente.
Y eso...
eso me es suficiente.