Calma, paz, tranquilidad y quietud. A eso he llegado últimamente, más la realidad siempre sobrepasa a la fantasía -yo aún vivo en la fantasía. Me siento cómodo ahí. Me siento a gusto, viviendo entre praderas verdes y amplias. Llenas de sol y viento pasando alrededor de mi cuerpo. Allí retozo, duermo, y básicamente el ego no se verbaliza. Daniel en ese lugar reconoce pero no conoce. Aquel nirvana al que puedo llegar acompañado es mi templo de salvación, mi lugar especial. Tiempo... El tiempo que paso allí es invaluable, se que pierdo muchas cosas por pasarme ahí, pateo responsabilidades, hojas por ser leídas, me miran y gritan, pero yo me hago el loco. Impoluto ante aquellas cosas que debo hacer, sigo en mi propio lugar, en donde abundan esas sensibilidades que como hombre debo evitar. Animales tiernos, praderas, árboles, aire libre y cada momento con su propio sonido ambiente. Aromas, temperaturas, situaciones y personas pasan por ahí. A ellos los acojo y ...