Estás haciendo el trabajo sucio.
Destruir los puentes, tú sola, aceptando por necedad o incertidumbre de sentir, una demolición forzosa, y aparentemente controlada.
Tuviste el juego de tu lado, y decidiste que era mejor dejar de jugar, que tratar de lograr el empate, y salir tranquilos, ambos con la frente en alto.
Caminas hacia tu propia soberanía, mientras yo, un nómada emocional, solo quiero que recuerdes que el fin de esto no fue tu decisión unilateral, sino la consecuencia lógica de tus propios actos.
Recuérdame con cariño, que aunque no de la misma forma, le debemos a los niños algo de cordura y cordialidad... el tiempo que sea que me pueda quedar alguna de ellas.
Me resulta contraproducente quererte tanto y a la vez tenerte odio... Mi silencio hoy es el puente que ya terminó de arder.
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