¿En qué momento normalicé abandonarme?
¿Es el rostro, el reflejo del alma?
¿Cómo se lo tomarán los otros?
¿Tengo, la necesidad de estar, dejando de lado mis propias necesidades de realización?
Y me repito... Vendrán tiempos mejores -¿Pero cuándo?-.
«Una salus victis, nullam sperare salutem»