«Una salus victis, nullam sperare salutem»

sábado, 24 de enero de 2026

Vinculante

En el mundo de la sociedad en manadas,
cuesta muchísimo saber sobrellevar la posibilidad de ingresar nuevos afectos.

La rutina condiciona a la mente,
nos volvemos lentos, erráticos, impertinentes y sobretodo necios.

Inalterables a la posibilidad de cambio,
omitimos errores y nos decimos "ya va a pasar", "ella/él, cambiará por mí, cuando se de cuenta de lo que estoy pasando", y la más jodida de todas las variantes, "no, si no es tan importante para mí hablar de esto y convertirlo en problema".

La verdad, que para todo orden de cosas,
primero. La oscuridad siempre ganará a la luz.
Tal vez demore eónes, pero donde no habita un Dios, no hay cabida para un marco moral y teórico, carente de la necesidad de un "algo más grande que yo" por sobretodo lo demás.

Y segundo, todo proceso de quiebre de la voluntad humana, requiere de tiempo, espacio, e incluso en algunos casos, lágrimas.

Es confusa la pequeña levedad del ser.



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