La realidad golpea el cuerpo,
las palabras sobran,
la soledad se convierte en reina,
y todos los peones son voces de tu mismo vaho.
Y te quedan,
las condiciones del libre albedrío,
la desesperanza de la desazón,
la necesidad de estar, pero sin el anhelo del deseo.
Respiras óxido,
inhalas sulfuro,
y tú voz se convierte en arsénico,
tu presencia ausente en hiel,
y lo que fueron torturas para ambos, permanecen alterables al tiempo.
¿Prefieres quedarte en tu fortaleza?
¿Quien saciará mi necesidad de tí?
Y sigo,
con ese caos incesante en mi cabeza,
con unas ganas tremendas de descender del doce directamente al uno.
Hombre muerto caminando...
Un día a la vez.
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