No cómodo, pero tampoco ajenos a vaivenes propios de quién aprende de otro, perspectivas propias en voz, puño y letra de un tercero que solo busca en la escritura, una lectura a su propia entropía, una causa al efecto de todo ese desorden inherente a su cabeza.
¿Que será del cuerpo, cuando dejemos de habitar nuestra cáscara?
Llegará la sal (¿?).
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