lunes, 8 de diciembre de 2025

Ícaro.


Sabías que ibas a quemarte.
Y aún así decidiste seguir,
mirando directamente al sol,
olvidando que tú disfraz de plumas y cera,
no era suficiente preparación para mantenerte en vuelo.

Pedía, imposibles para una mente ausente,
y evitaba mirar directo al sol,
cuando sabía que me quemaría la retina, 
carbonizaría la carne,
destrozaría los tejidos,
y si aún quedaba cuerpo para dañar, 
respirar ese aire caliente, lentamente sofocaría los pulmones.

Creías saberlo todo,
minimizar el daño, sabiendo a lo que vas,
pero olvidas en un instante,
lo débil de la carne, lo frágil de la mente,
y lo ciego que puedes ser,
cuando al terco lo rodea ese calor abrazador del afecto corpóreo.

Y ahí vas, nuevamente Ícaro,
directo al sol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario