el final de una era sangrante.
Y no puedes evitar sorprenderte,
de tu ausencia de reacción.
Dijiste todo lo que podías decir,
trataste, contra propia natura,
que el cogito fuese el que controlara todo.
Pero finalmente fue él mismo,
quien recordó "para resultados distintos, métodos distintos".
Y recordaste, como si de aquello dependiera tu cordura -porque así es-, que tú puedes solo.
Nunca lo aprendiste antes, pero si algo tengo,
y siempre he tenido, es una capacidad de adaptación sorprendentemente rápida.
Solo me queda darte las gracias,
Por todas las omisiones,
por todos los oídos sordos,
por los recuerdos que se plasmaron en células.
Y por obligarme a reinventar.
Las células me obligan a permanecer
... aunque yo no quiera.
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