que la única constante al mundo que me rodea,
es que odio quién soy medicado,
pero desprecio significativamente más,
quien soy sin ello.
Antes, vivía a tu arbitrio, a tus formas,
a tus gestos (o a la ausencia de ellos).
Hoy puedo ver lo orgullosa que eres,
jugando a estar ocupada,
mientras mi cabeza sucumbía a tus maneras.
Pero entendí,
entendí que tú necesidad de postergar,
y pretender que el mundo se solucione solo,
es la manera que conoces,
para tratar que tú agenda no colapse.
Y aprendí,
aprendí a dejar de exigir,
un presencia particular,
a alguien que me da por sentado.
No soy un número,
no soy objeto,
soy un sujeto.
Y como sujeto,
te dejé ir.
No puedo destruir lo que no está.
El afecto queda,
pero la pareja,
simplemente se apagó,
y me cansé de buscar,
aquello que no se sabe otorgar.
... Ésta guerra de desgaste, la ganaste tú.
J.
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